20/3/14

Newsletter Nº 4



«Hic sunt dracones» (“Aquí hay dragones”).

Hic sunt dracones
Es usual encontrar en la cartografía europea de navegación del medioevo y el Renacimiento, la frase latina «Hic sunt dracones» (“Aquí hay dragones”).  La representación de estas bestias polimórficas imaginarias pretendía señalar lo ominoso de los territorios marginales y desconocidos. Si bien con el correr del tiempo estos dragones fueron “descubiertos” y “colonizados”, el concepto que encierra esta frase ha pervivido en la inteligibilidad con que ha sido tratado durante las últimas décadas el fenómeno de los “asentamientos marginales”, “asentamientos precarios”, “villas de emergencia”, “villas miseria”, o cualquier otro circunloquio que se haya utilizado para nominar al hábitat de la pobreza dentro (o fuera) de una urbe. Los dragones ya no están en los confines de la tierra vista desde las formas eurocéntricas de poder, sino que ahora se encuentran en las grandes ciudades de los llamados países periféricos –según la conceptualización del economista argentino Raúl Prebisch. La pobreza, además de ser objeto de estigmatización, es ahora considerada lo ominoso y peligroso, no desde aquello que hay que integrar socioespacialmente sino que hay que demarcar, separar, aislar, erradicar, dar batalla, etc. Pero, pareciera ser que en este siglo XXI soplan nuevos vientos en nuestra región.
Si bien nuestra especialidad es la producción de cartografía, le damos centralidad a la Responsabilidad Social Empresaria, lo que nos lleva permanentemente a profundizar en la repercusión de nuestra actividad en la comunidad. Nos resulta de interés la reflexión sobre las acciones políticas en lo referente a los modos de producción de espacio territorial y, particularmente las dirigidas a los sectores más vulnerables. Es sabido que a los efectos de utilizar los recursos limitados de forma racional, es necesario que el poder político esté informado, conozca los problemas, sepa a qué cantidad de la población afectan, y analice posibles acciones realizables.  ¿Qué papel juega la cartografía en esta situación?
Por lo pronto, una adecuada utilización de la cartografía fortalece no solo a las instituciones democráticas sino también al profundo concepto de democracia. Es de todos sabido que el concepto «democracia» deriva de las palabras griegas “demos” y “kratos”, significando “el poder del pueblo”. Por “pueblo” entendemos a todos los ciudadanos; no solo a los ricos, ni solo a la clase media, ni tampoco solo a los pobres. Es así que en un mundo ideal (y en algunos reales) los mapas representan a TODO el territorio, sin «hueco» de información alguno. En la Argentina, por algunas erradas concepciones históricas presuntamente ideológicas, se da la paradoja de que en determinadas épocas se pone un excesivo empeño en mapear las zonas de ricos, y en otras se pone un excesivo empeño en mapear zonas de pobres. Difícilmente la totalidad inclusiva. Así, hemos tenido la oportunidad de leer durante el verano múltiples artículos periodísticos describiendo los operativos de búsqueda de evasores en countries y mansiones en la costa, mediante la utilización de tecnologías cartográficas.  Mientras las entidades estatales de Ingresos Públicos y las direcciones de Catastro exhiben mediáticamente estos polos de riqueza, simultáneamente omiten o no le dan entidad a los polos de pobreza. Los unos porque “existen” demasiado, los otros porque “no existen” ni cartográfica ni económicamente porque no  pagan impuestos (y tampoco reciben acciones políticas estructuralmente reversoras de dicha situación). ¿Acaso se trata de un poder de Policía ejercido democráticamente? Nunca habrá una verdadera y estructural integración social en un territorio mapeado a huecos. Podríamos pensar los resultados de estas políticas a la manera expresada por el filósofo francés Jean Baudrillard: afirma que no es ya lo real lo que precede al simulacro, a la simulación -utiliza como ejemplo el caso del mapa del Imperio de China expuesto por Borges; un territorio precede al mapa de dicho territorio, y ese mapa será una metáfora y un simulacro del territorio-, sino que es el simulacro el que precede y origina a lo que da en llamar la «hiperrealidad». Entendemos entonces por simulacro a la simulación de una realidad y, por hiperrealidad, a aquella realidad que paradójicamente es precedida por su simulacro. O sea, una cartografía (el simulacro) con  “huecos” y discriminaciones, solo podrá devenir en una realidad (la hiperrealidad) social exacerbada de “huecos” y discriminaciones.
Pero este panorama pareciera estar cambiando y la Ley Provincial Nº 14.449, de Acceso Justo al Hábitat, promulgada y reglamentada en el 2013, contempla la integración socio-urbana de villas y asentamientos precarios. Dicha ley exhibe la voluntad política de dar una cobertura de viviendas dignas a los sectores vulnerables, pero aún es temprano para verla en acto. Será una tarea titánica.
En en el mientras tanto, es interesante conocer que las actuales gestiones políticas de los Gobiernos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (AGIP y Planeamiento) y de varios municipios bonaerenses y en particular del Municipio de La Matanza, están aplicando las más modernas tecnologías de producción de cartografía: para conocer con precisión la problemática del hábitat, han contratado vuelos periódicos con resoluciones que oscilan entre los 40 cm/píxel (para censo) y 10 cm/píxel (para catastro y altimetría), generando un continuo cartográfico riguroso a lo largo y a lo ancho de sus extensiones comunales, que pone de manifiesto con el mismo detalle y precisión, tanto la riqueza como la pobreza.  La integración tal vez pase no por perseguir con rimbombantes anuncios a la riqueza -particularmente a aquellos que son evasores-, o estigmatizar a la pobreza -imputándoles todos los delitos comunes a las villas y  a los asentamientos- sino por reconocernos, respetarnos en nuestras diferencias, e intentar progresar comunitariamente.
¿Acaso no será una buena y continua base cartográfica la herramienta adecuada para comenzar a esfumar del imaginario social la simbología de demonización de los dragones, y dar así surgimiento a una población estructuralmente integrada?
Ing. Flavia Serafini e Ing. Marcelo Marcovich
Colaboración: Ing. y Lic. en Filosofía Alejandro F. Fabri

Bibliografía:
BAUDRILLARD, Jean. 1978. Cultura y simulacro. Barcelona, Editorial Kairos.

4 comentarios:

  1. Alejandro B. Prieto21 de marzo de 2014, 17:54

    Bueno el diagnostico y oportunidades !!

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  2. Me encantó la metáfora, el dragón hiperreal puede salir de la cartografía oficial con la tecnología adecuada pero resulta mucho mas difícil sacarlo de las conciencias colectivas (cuando los dragones se convierten en demonios). Con el dragón hasta se podría intentar una aproximación pero con los demonios dudo mucho. No ayudan mucho los GPS urbanos marcando como "zonas peligrosas" los lugares de dragones, ¿O de demonios?. Solo la verdad completa puede terminar con la hiperrealidad, Gracias por contribuir a ella.

    Sueño con serpientes, con serpientes de mar,
    Con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
    Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan
    Lo que puedan arrebatarle al amor.

    Oh, la mato y aparece una mayor.
    Oh, con mucho más infierno en digestión.

    No quepo en su boca, me trata de tragar
    Pero se atora con un trébol de mi sien.
    Creo que está loca; le doy de masticar
    Una paloma y la enveneno de mi bien.

    Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago
    Paseo, voy pensando en qué vendrá.
    Pero se destruye cuando llego a su estómago
    Y planteo con un verso una verdad.

    Silvio Rodriguez

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    1. Alberto,
      ¡Muchas gracias por TU contribución! Es verdad lo que decís del GPS, no lo habíamos considerado. Es un discurso constante que penetra el cerebro refirmando el "Hic sunt dracones". Efectivamente, lejos de esfumar a los dragones, los naturaliza.

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