23/4/14

Newsletter Nº 5



Los «huecos» cartográficos, ¿un mal endémico?

Gigantesco globo terráqueo de Luis XIV
El cuentista y novelista Italo Calvino narró la grata y reconfortante experiencia que le significó su visita a la muestra Mapas y Figuras de la Tierra, en el Centro Georges Pompidou de Paris, en 1980. El plato fuerte de la exposición, “dos gigantescos globos de 12 metros de circunferencia –un mapamundi y un globo celeste- […] que Luis XIV encargó <en 1683> al fraile menor veneciano Vincenzo Coronelli, cosmógrafo de la Serenísima <República de Venecia>”. Calvino explica que en épocas del Rey Sol, el Observatorio de Paris era el centro encargado de mantener al día un gran planisferio del que luego se nutrían los cartógrafos, quienes continuamente se veían obligados a corregir sus trabajos. En esta variabilidad cartográfica, los nuevos datos aportados por exploradores y misioneros podían implicar la delimitación de nuevas «lagunas o huecos de información». Es así que en este enorme globo terráqueo producido para Luis XIV, Coronelli expuso estos «huecos» inciertos mediante inscripciones que transmitían las noticias dadas por lo exploradores, tales como: «Algunos locos dicen que California es una península…», «Dicen que aquí hay una isla, pero es falso y no la pongo» o «Me he encontrado con un espacio vacío y lo lleno con esta inscripción». La utilización de estos registros explícitos de «huecos» de información, sumada al año de producción del mapamundi -la metadata-, no solo exhibían la honestidad intelectual del cartógrafo, sino que señalaban aquellas zonas que deberían ser clarificadas en las siguientes versiones. Desde allí, la ciencia cartográfica ha recorrido un largo camino hasta llegar a lo que en el ejercicio de nuestra profesión damos en llamar «huecos cartográficos».
Hacia el año 1993, tuvimos el privilegio de liderar desde la esfera privada el proyecto de actualización y revaluación catastral de la Provincia de Santa Fe.  Estábamos en ese momento sentando las bases de los modernos sistemas de registración y gestión de cartografía, aplicadas al Catastro. Tuvimos que enfrentarnos a registros gráficos que históricamente se mantenían en forma manual, estaban incompletos, dispersos, inconsistentes y, por supuesto, dejaban huecos y superponían territorios.   Esos defectos estaban enmascarados, los planos no ponían de manifiesto esas diferencias, pero todos los expertos catastrales “sabían que estaban”. También sabían que esa era la situación que se pretendía revertir mediante la modernización y reingeniería de los procesos.  Era la responsabilidad que el Gobierno de la Provincia nos había encomendado, enmarcada dentro de una tarea titánica y de mayor alcance, que estaba emergiendo en la Nación, de que cada Provincia fuera modernizando su Catastro, hasta alcanzar una capa completa, actualizada y articulada de todo el territorio Nacional.   
¿Cómo se desarrolló ese trabajo? En Santa Fe, la cartografía catastral se confeccionaba hasta ese momento por compilación de planos de mensura. Hubo que arremeter con esos cúmulos de información en papel, e integrarlos lo más armoniosamente posible con la realidad observable. La tarea fue: primero, relevar la realidad fáctica mediante el uso de la fotogrametría escala 1: 1.000 en las zonas urbanas, 1:2.500 en zonas suburbanas e imágenes satelitales en las zonas rurales; segundo,  relevar la realidad documental; por último, armonizar ambas realidades y sanear las bases, a los efectos de que la realidad documental fuera congruente con la realidad fáctica. El trabajo fue arduo pero exitoso, y hoy en día la provincia de Santa Fe cuenta con uno de los más completos, actualizados, exhaustivos, y modernos sistemas de información territorial.
Cartuchos con metadata
El tiempo ha transcurrido y aún hoy día, en Congresos temáticos, nos encontramos con la experiencia contradictoria de escuchar por un lado hablar de los beneficios que deparó la modernización de Santa Fe, y por otro lado, algunas esporádicas anécdotas de funcionarios de otras provincias que relatan casos de habitantes de pequeños  poblados que les dicen que no se encuentran en el mapa. Viven en poblados que cartográficamente no existen.  Pero no pensemos que se trata solo de un problema que afecta a nuestro país: es un mal endémico de muchos estados. Sabemos, por los vínculos que mantenemos con especialistas europeos, y merced  al intercambio tecnológico con empresas globalizadas, que a la fecha, Dinamarca es uno de los que tiene el mejor Catastro modernizado, y también Holanda ha logrado en los últimos años alcanzar ese mérito. Nosotros, si bien contamos ya con una legislación moderna, con sofisticados métodos de captura, y con entidades y profesionales de gran expertise, estamos recorriendo el sinuoso camino que nos lleva al ideal límite o a la idea platónica de lo que debe ser un Catastro. Aún no hemos llegado a tener una capa completa y actualizada del territorio nacional en las resoluciones recomendadas por la técnica en función de la división y ocupación del suelo.  Estamos en la etapa de completar un continuum cartográfico armonioso e íntegro, de resolución mejor a los 10 cm para zonas urbanas y mejor que el metro para zonas rurales, sin huecos ni superposiciones -por supuesto que al no tenerlo, la incierta metadata de un mosaico cartográfico, opera como enmascaramiento de los huecos y las superposiciones. 
En los últimos años, mediante la replicación de la experiencia de Santa Fe en otras provincias y municipios, nos hemos sentido reconfortados de hacer nuestro aporte a lo que significa una cartografía soberana. Sin embargo, creemos que en el mientras tanto de este arduo camino de la modernización cartográfica a nivel nacional, rumbo a la consolidación de las IDEs provinciales y la IDERA Nacional, desde el punto de vista del conocimiento científico probablemente resulte más certero denunciar el «hueco» cartográfico a la manera explícita con que lo hacía el cosmógrafo veneciano V. Coronelli, que taparlo con información dudosa (por ejemplo, fotogrametría e imágenes sin metadata).
Ing. Flavia Serafini e Ing. Marcelo Marcovich
Colaboración: Ing. y Lic. en Filosofía Alejandro F. Fabri

PS: Este escrito está dedicado a la memoria del Ing. Alfredo Pierini y en agradecimiento al Ing. Hugo Zingaretti, quienes con enorme tesón y profesionalismo lucharon contra viento y marea a principios de los años 90, para gestar y cristalizar este Proyecto del Catastro de la Provincia de Santa Fe. Hacemos el agradecimiento extensivo a todo el equipo del SCIT de Santa Fe, que “sudó la camiseta” para la concreción del mismo, y un reconocimiento especial al Lic. Johan de Mejiére del ITC de Holanda, quien sin sus aportes hubiera sido imposible atravesar los conflictos y finalizar el proyecto que duró 7 años, atravesó varios gobiernos y resolvió con éxito las crisis generadas durante el desarrollo del mismo.

Bibliografía:
CALVINO, Ítalo. 1984. Colección de Arena. Eds. Siruela, col. Libros del Tiempo Madrid, 1998 [1974-1984].
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